PABLO UND DESTRUKTION: PUNTO Y SEGUIDO.

THE LIVE CLUB: ¿Cómo valorarías este último año y medio en la carretera?

PABLO UND DESTRUKTION: Diría que cada concierto ha tenido una intencionalidad distinta. Para mí este fin de gira es importantísimo, tengo unas ganas increíbles. En realidad cierra una etapa, que es la que vengo desarrollando del principio: no la veo como el fin de gira de “Vigorexia emocional”, sino también de “Animal con parachoques” y “Sangrín”, porque ha sido todo como un continuo en el que no he parado de tocar. Vamos a seguir siendo la misma banda, y como ceremonia de cierre es importante. Luego seguiré con la obra de teatro con la que ando a vueltas y, para componer, probablemente me vuelva a la aldea otra vez. No tengo preparado nada racional, pero supongo que habrá cambios. Vamos a preparar el contexto adecuado para que pasen cosas.

TLC: ¿Ya manejas ideas para el próximo disco?
PUD: Recientemente nos encargaron poner música, con un texto nuevo, a la película “Las manos de Orlac” (http://pablounddestruktion.es/orlac). Eso ha sido como una beca de I+D. Aparte, también comencé el proyecto teatral “Por todo el fuego” (http://pablounddestruktion.es/portodoelfuego) junto a Agustín Castilla Ávila, que hace música ruidista microtonal. Sí que hay alguna canción ya hecha, pero no voy a ir con tanta prisa como voy siempre, que no hace falta.

TLC: ¿Ha sido “Vigorexia emocional” el culmen de algo?
PUD: Ha sido la parte más profesionalizada de mi carrera, para bien y para mal. Ha sido bastante raro, porque venía de la autogestión total y he terminado en el mismo lugar, pero por en medio tuve mánager, dejé de tenerlo… Fue bastante guay, porque acabamos volviendo a lo que realmente nos gusta, pero ahora en mejores condiciones. Lo que hemos descubierto en esta gira ha sido el teatro, tocar en teatros, que es nuestro sitio totalmente. Y luego empezar a hacerlo yo, tanto como actor con La Tristura como en los conciertos de Pablo Und Destruktion, que ahora tienen una conciencia escénica que ya poseíamos desde el principio, incluso cuando tocaba yo solo. Los siguientes trabajos queremos que tengan una importancia escénica aún más brutal.

TLC: ¿Cuántos conciertos has hecho, aproximadamente?
PUD: Desde la publicación del último álbum habrán sido unos 75 o así. Antes estaba haciendo como 90 al año, aunque en muchos era yo solo, y ahora al ir con banda ha bajado el número pero para mejor. Hemos tocado dentro de los programas Artistas en Ruta y Girando por Salas. Del circuito underground que ya manejábamos de repente hemos saltado ahí.

TLC: Y entre medias, has publicado “Canciones para antes de una guerra”, la grabación del concierto en el Teatro Lara el 11 de junio de 2015…
PUD: Fue por generación espontánea, la verdad. Lo vimos fácil y posible y dijimos: “Venga, lo grabamos”. Sí que se notaba que ahí había una energía cargada de la virgen. Era la presentación de “Vigorexia emocional” pero también un concierto que significó un cierre a algo al tiempo que una apertura. Fue extraño, porque ahí se llegó al culmen de lo que habíamos buscado, invocado, en cierta manera, con los discos anteriores. Luego seguimos girándolo y estuvo vivo, pero ya se había creado otra cosa. Acertamos a grabarlo con el vídeo y con el audio. Fue una casualidad, pero hay que saber ver esas oportunidades, y tuvimos suerte, la verdad, porque ahora tenemos ahí ese recuerdo.

TLC: ¿Por qué elegiste a Biznaga para compartir el concierto?
PUD: Bueno, me molaba estrechar lazos con gente con la que creo que deberían ser más estrechos de lo que tengo. Juventud Juché, por ejemplo, en la presentación de su disco, también en la sala But, nos llevó a nosotros, en unas condiciones muy guays. Ahora queríamos hacer lo mismo con Biznaga, para crear escena y comunicación entre grupos que tenemos la misma edad, afinidades parecidas, aunque luego lo que hagamos musicalmente sea relativamente lejano. Ahora cualquier grupo acaba teniendo un discurso muy individualista, con lo que resulta difícil hacer escenas salvo que sean de género. No hay que dejar de lado el sentido social de la escena. Queda ahí mucho trabajo por hacer, que los conciertos sean lugares de encuentro.

TLC: ¿Qué es lo que más te gusta de ellos?
PUD: Las letras están muy bien. Dentro de lo que se hace en España son de las mejores, muy elegantes y muy acertadas. Conectan muy bien con la esencia del punk, con la misma que empecé a descubrir yo cuando tenía 15 años, pero sin caer en idolatrar ni hacer ejercicios de estilo ni quedarse con la foto fácil. Me gusta esa manera en que entienden el punk,  y me siento identificado con ella en cierto modo.

TLC: ¿Te gustaría añadir algo más?
PUD: Pues la verdad es que me pillas reventadísimo y estoy corto de reflejos. No sé, puedes poner que vamos a ir a tocar a Filipinas justo la semana antes del concierto.

 

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